miércoles, 16 de noviembre de 2016

Documental: Before the flood



Before the flood es un documental presentado por el mediático actor Leonardo de Caprio, que trata de analizar el impacto del cambio climático, sus causas ligadas al estilo de vida occidental y posibles soluciones. Es una buena obra de divulgación, aunque no toca las partes más escabrosas del problema, ni profundiza en la insostenibilidad del modelo actual y su ya casi imposible de evitar colapso.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

El modelo rural español no permite la supervivencia de los pueblos




La España vacía, como denomina el autor Sergio Molina al mundo rural español, ha sido incapaz de crear un modelo que le permita sobrevivir. Ante la galopante despoblación y el auge de las ciudades, el establisment parece que quiere más subvenciones y subsidios. Más estado no es la solución al problema.

El modelo de economía subvencionada (agricultura y ganadería) y hostelería y turismo esta agotado, no logra retener población. Faltan ideas y gente dispuesta a llevarlas a cabo.

Buena parte de la población residente en los pueblos de la España vacía dependen de las subvenciones, subsidios y puestos de trabajo estatales. Una vía de solución se debe de basar en "permitir" la innovación en el mundo rural, sin burocracias y creando "espacios" con normativas locales que pueden ser distintas a las estatales o autonómicas.

Desde hace años estamos trabajando en este campo. Adjuntamos una selección de nuestras propuestas:





miércoles, 10 de agosto de 2016

Huella ecológica y Overshoot Day




“No tenemos sueños baratos”, dice el anuncio.

Pensar que la humanidad puede llegar a vivir como los que mejor viven en Luxemburgo, demandando servicios ecológicos que no serían capaces de proporcionar 19 Tierras enteras, no es un sueño barato; es una quimera que puede llevarnos a vivir en muy poco tiempo la peor de las pesadillas.

La abundancia que aparentemente se observa en los países de mayor desarrollo se debe a una sobreexplotación de los recursos naturales que procede de (1) limitar el desarrollo de los países más pobres y (2) de explotar más allá de lo tolerable, el hasta hace muy poco rico, fértil y diverso planeta Tierra. Si la primera de estas dos razones demuestra una más que evidente falta de solidaridad entre estados y sociedades, la segunda es una clarísima ausencia de compromiso para con las generaciones venideras. Ambas son producto de una muy extrema cortedad de miras.

En no pocas ocasiones se ha llamado la atención sobre la inminencia del colapso civilizatorio en el que nos adentramos y de su irreversibilidad, apuntando como causa los severos daños que la actividad humana producen sobre el medioambiente y la explotación de recursos críticos más allá de su capacidad de renovación de un planeta que querámoslo o no, es finito. La sobreexplotación de recursos se refiere a la atmósfera, los ríos y lagos, los océanos, el suelo y especies vivas.

Se han propuesto acciones que permitirían minimizar este impacto y preservar la integridad de los recursos de los que nosotros mismos y los demás seres vivos que habitan la Tierra, dependemos. La reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y muy especialmente del CO2, a través de una drástica disminución del consumo de combustibles fósiles y, eventualmente, de la descarbonización de la sociedad, se ha marcado como objetivo prioritario. Pero no es suficiente. Se necesitará también frenar la deforestación del terreno, proteger de la erosión las tierras cultivables y preservar la biodiversidad del planeta. Se necesitará también detener el crecimiento de la población.

Queda, por último, incrementar la equidad, tanto entre sociedades como dentro de una misma sociedad. No está claro que la inequidad sea un factor relevante a la hora de explicar el colapso de las civilizaciones, pero es seguro que lograr amplios niveles de igualdad no solo es una cuestión de justicia. Es, ante todo, el modo más efectivo de impedir la violación de los derechos humanos por parte del Estado, el fin de la impunidad y la garantía de que, en su probable deriva hacia el colapso, las sociedades sean menos propensas a sufrir formas de gobierno totalitarias.

Extractos de la entrada No tenemos sueños baratos