lunes, 21 de diciembre de 2015

Fab lab y código libre para luchar comunitariamente contra el cambio climático


Como alternativa a la COP21, la cumbre de los dirigentes para buscar soluciones a los problemas del cambio climático y su previsible fracaso, un grupo de jóvenes innovadores decidieron crear la POC21, tratando de convertirse en una comunidad de innovación internacional, con formato campus. El campamento reunió a más de 100 fabricantes, diseñadores, ingenieros, científicos y geeks, a finales del verano de 2015. El comunidad unió fuerzas en un castillo francés concebido temporalmente como un prototipo no dependiente de combustibles fósiles y conformando una sociedad de residuos cero. El objetivo final era superar la cultura de consumo destructivo y publicar en código abierto productos sostenibles que cubren necesidades humanas básicas. A lo largo de 5 semanas desarrollaron 12 tecnologías de forma de vida sostenibles y construyeron una comunidad internacional de innovadores y simpatizantes, que en estos momentos sigue creciendo

Esta es un documental sobre este proyecto.







domingo, 13 de diciembre de 2015

¿Hemos alcanzado los límites de la biosfera?


El pasado 10 de Diciembre celebramos en AdI una sesión con el título: "¿Hemos alcanzado los límites de la biosfera?". Por su interés, reproducimos el texto íntegro aportado por Jorge Juan García Alonso. El debate fue lógicamente intenso ante un fenómeno tan crucial para el futuro de la Humanidad.


La ecología es la ciencia que estudia las relaciones de los diferentes elementos que forman un ecosistema. Una regla básica para que un ecosistema se sustente en el tiempo es que no se puede detraer más recursos que los que el ecosistema es capaz de regenerar y que los residuos que produce deben ser absorbidos de la misma manera. 



En las últimas décadas, tras la segunda guerra mundial, se estableció y expandió globalmente una civilización basada en el consumo. La podemos denominar, civilización occidental, ya que se trataba de número reducido de países los que lideraron el crecimiento y se beneficiaban de él. Tras varios siglos de revoluciones industriales, la sociedad occidental alcanzaba un crecimiento asombroso, tanto en términos de producción y consumo, como en número de habitantes y un alto grado de confort. A este hecho se le denominó progreso. Hasta los años 90, más o menos funcionó. Se trataba de una situación injusta, ya que el 20 % de los habitantes de la tierra, los seguidores de la cultura occidental, consumían el 86 % de los recursos, pero aparentemente parecía sostenible en el tiempo. 

A finales de los años 80 y principios de los 90. según caía el otro gran modelo económico-social surgido de las revoluciones industriales, el comunismo, surgía internet y una serie de países muy poblados, como India, China, Rusia o Brasil, decidieron abrazar la cultura occidental, su industrialismo y la sociedad de consumo. Aparece la globalización. En pocos años se produce un trasvase enorme de la capacidad productiva hacia estos países que se denominaron como emergentes, así como la aspiración de sus pobladores a acceder al paraíso de la sociedad de consumo. 

Los incipientes problemas medio ambientales generados por un manera de entender la vida, el estilo de vida occidental, donde todos los ciudadanos deben de trabajar todo lo posible, para ser lo más productivos y acceder al paraíso del consumo, se hacen globales y entran en fase de aceleración fulgurante. Los antiguos países ricos, todavía quieren más, y su codicia les lleva a endeudarse sin fin, para generar más producción y consumo. La tragedia está servida.

Los problemas medio ambientales comienzan a manifestarse de una manera dramática. Los gobiernos se dan cuenta que algo no funciona, pero ya no pueden parar la máquina. La inercia es tremenda. Es difícil, por no decir imposible, reprogramar a los ciudadanos-consumidores. En la década de los 90, comienzan las cumbres medioambientales intergubernamentales. 

La última es la de París (COP21), donde a la desesperada, algunos ecologistas pedían la declaración del estado de emergencia mundial. Todas han fallado, Paris también. No han conseguido ni de cerca parar la inercia, y mucho menos trazar un plan de contingencia. El destrozo medio ambiental es global y de enormes proporciones. La mayor parte de los recursos que necesita la civilización occidental han entrado o están cerca de alcanzar su cenit de producción. Cada vez será más caro, y por lo tanto, menos rentable su proceso poniendo en peligro la base del modelo occidental, el crecimiento económico permanente. Hemos contaminado cielo, agua y tierra, y la mayor parte de la biodiversidad está en peligro. El colapso ecológico está servido, y podemos observar los prolegómenos en multitud de manifestaciones, incluidas las crisis financieras y energéticas, que no se pueden desligar de la crisis medio ambiental. La cultura occidental ha rebasado los límites de la biosfera, entrando en un terreno desconocido que podría asimilarse a un planeta no explorado. Los ciclos naturales tal y como los conocemos desde que existe el ser humano están rotos. 

La lógica nos dice que siendo un tema tan importante debería ser prioritario para los gobiernos, pero no es así, como bien hemos podido constatar directamente en nuestros propios cuerpos. Tras haber intentando durante años y con un gran esfuerzo buscar soluciones desde arriba, o sea, desde el Estado, los gobiernos o instituciones, terminamos tirando la toalla. Los intereses económicos existentes son tan fuertes que imposibilitan cualquier tipo de cambio. 

Nuestra opinión es que ya no hay tiempo. El colapso ya está sucediendo. Estamos metabolizando nuestro hábitat a velocidad de vértigo. Es probable que estemos viviendo las etapas iniciales de un colapso civilizatorio. Vamos directamente hacia otra cosa, incierta y desconocida, y que no estará exenta de dolor. La nueva civilización, si conseguimos reestablecer un hábitat estable en las próximas generaciones será órganica, menos compleja, más low tech que high tech, más local que global, Lo que ahora vale, dejará de valer. Lo que ahora no vale nada, pasará a ser lo que valga. Aunque la sensación más común es que estas cosas pasan lejos, ocurrirá cerca de tu casa.

Nuestro esfuerzo en estos últimos años se basa en trabajar desde lo pequeño, desde lo más tangible, desde abajo del todo. Hemos creado un pequeño hábitat que trata de fusionar la forma de vivir de las comunidades preindustriales de los pueblos de Castilla con las nuevas tecnologías y la incipiente sociedad de conocimiento. Nos preguntamos si es posible crear una forma de vida que generando conexiones entre los elementos naturales nos permita vivir trabajando menos, con más tiempo libre, con más salud y que nos pueda hacer más felices. En un pasado no muy lejano cada vivienda familiar en el entorno rural de Castilla era un pequeño modelo económico autosuficiente, integrado en una comunidad que cooperaba y que les permitió sobrevivir durante siglos.




viernes, 11 de diciembre de 2015

Un informe de Ecologistas en Acción prevee que ocurra un colapso hídrico en España en tan solo 5 años


La acción del cambio climático en España (con un incremento de las temperaturas medias a cuestas) ha hecho mella en una de sus debilidades medioambientales más claras: el agua disponible. Según un estudio de la organización Ecologistas en Acción, disminuye en más de un 1.550 hectómetros cúbicos al año respecto a lo que disponía en los cincuenta años que fueron desde 1945 a 1996. Es aproximadamente una caída de algo más del 1% anual y equivale a 1,5 billones de litros. El documento presentado este miércoles en París (en el foro alternativo a la Cumbre del Clima COP21) lo liga directamente al cambio del clima.

El análisis une "la reducción de las precipitaciones y la subida de temperaturas" en el origen de la caída del agua en todas las demarcaciones hidrográficas. Década a década, los grandes ríos han ido viendo cómo caían los aportes que corrían por sus cursos y el de sus tributarios.

Dice que, "si en 2000 solo la demarcación del Segura era la única con un déficit estructural", para las próximas décadas se prevé que ese balance negativo llegue también a las del Júcar, Guadiana, Guadalquivir, Cuencas Internas de Cataluña, Guadalete-Barbate y Cuencas Mediterráneas, y parte de las del Tajo y Ebro. Eso abarca aproximadamente la mitad de la superficie de la Península Ibérica.

La ciudades beben poco

Pero la sed no se ha templado. La demanda de agua en España va para arriba y va camino de subir un 10% de acuerdo con los cálculos del informe. La ONG concluye que se está preparando un "colapso hídrico". En España se consume de media al año unos 4.600 hectómetros cúbicos al año para uso urbano. Los planes hidrológicos de las 18 regiones hidrográficas prevén que se sumen otros 100 en dos décadas. "Es un cálculo moderado". Pero la clave, exponen, no está ahí sino en el uso agrario. "Se prevé que haya casi 700.000 hectáreas más de regadío, lo que implicará unos 3.000 hectómetros cúbicos más". De hecho, ocho de cada diez litros de agua que se gastan en España van a los cultivos de regadío.

"La reducción del agua disponible y el incremento de las demandas previstas en el regadío nos llevan a ese auténtico colapso", ha comentado uno de los coautores del iforme, Santiago Martín Barajas. Se trata, abunda el ecologista, de "una reducción que nos lleva a una mayor insostenibilidad".

Así que en un escenario de calentamiento generalizado y menos lluvias que aporten agua, el estudio concluye que el grifo, donde tiene que cerrarse es en el campo más que en la ciudad: "No debería crearse ni una sola hectárea más de regadío en España, a la vez que se sigue trabajando en incrementar la eficiencia en la utilización del agua allí donde se pueda (modernización de regadíos, reutilización de aguas residuales depuradas, etc.), y se fomenta la sustitución de cultivos por otros menos consumidores de agua", concreta. ¿La cifra? "Abandonar un millón de hectáreas de esta agricultura para alcanzar cierto reequilibrio", ha resumido Martín Barajas.





martes, 8 de diciembre de 2015

Con la contaminación emitida, ya no hay vuelta atrás en el cambio climático


“El ritmo actual de emisiones nos sitúa en una senda peligrosa. Actualmente, con lo que ya hemos emitido a la atmósfera, no hay manera de evitar que superemos los dos grados”, afirma el catedrático de Ecología de la Univer­sidad de Castilla-La Man­cha José Ma­nuel Moreno, vicepresidente del grupo II del Panel Inter­na­cional de expertos del Cambio Climático (IPCC), que ha elaborado el Quinto In­forme de evaluación sobre el cambio climático de la ONU. Los científicos del IPCC ya fijaron que no se debía sobrepasar una subida de dos grados como umbral de seguridad para el planeta.

El petróleo bajo tierra

“Para no sobrepasar los dos grados de temperatura, no deberíamos superar 2.900 gigatoneladas de dióxido de carbono emitidas a la atmósfera”, señala José Manuel Moreno a Dia­gonal. Sin embargo, el científico aclara que “ya hemos emitido 1.900 gigatoneladas de dióxido de carbono, y con eso ya tenemos asegurado un incremento de 1,5 grados”, por lo que nos quedarían sólo 1.000 gigatoneladas por emitir. El profesor explica que “si tenemos en cuenta que emitimos 50 gigatoneladas al año, superaremos los dos grados mucho antes de 2100. No llegaríamos al objetivo. Ya no hay vuelta atrás...”. Al nivel de emisiones actual, los dos grados se habrán superado en 2035, explica el científico.

El quinto informe del IPCC señala que la quema de combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas natural– es responsable del 80% del efecto invernadero. Por ello, científicos y grupos ecologistas explican que es necesario descarbonizar la economía, y piden que no se exploten las reservas fósiles hasta ahora localizadas, y que se apueste por las renovables. El profesor Moreno dice que una de las conclusiones del IPCC es que las renovables pueden aportar energía suficiente para abastecernos. 

Justo lo contrario de lo que está haciendo España. Sin embargo, estos días muchos mandatarios repitan el mismo mantra. El comisario europeo de Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, exministro de Medio Am­biente con el PP, declaró unas horas antes del inicio de la COP21 que es necesario “descarbonizar la economía al 100%” antes de final de siglo y optar por las renovables. Y añadió que el Tratado Transatlántico de Libre Comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP), que da vía libre al fracking, es válido porque contra el cambio climático “todo es compatible”.

Por su parte, el presidente de China, primer país contaminante del mundo –con el 25,3% de las emisiones de gases de efecto invernadero–, abogó en la inauguración de la Cumbre de París por que “cada país busque una solución que se adapte a sus necesidades”. Desde el mismo escenario, Barack Obama, presidente de EE UU, segundo contaminante del mundo –responsable del 14,4% de las emisiones–, afirmó estar comprometido con la lucha contra el cambio climático: “Tenemos la capacidad para cambiar el futuro aquí y ahora”. Mientras los Gobiernos hacen promesas, las evidencias científicas del cambio climático están ahí.

2015, el año más cálido

Unos días antes del inicio de la Cumbre de París, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que, a falta de los datos de diciembre, 2015 se ha convertido en el año más cálido desde que existen registros en 1880. Este año cuenta ya con los rangos más altos de temperatura media en el planeta. Además, la OMM apunta que lo mismo ha ocurrido con los últimos cinco años, que han sido los que mayores temperaturas han registrado.

2015 se ha convertido en el año más cálido desde que existen registros en 1880“. La temperatura media del planeta –15 grados– se ha mantenido estable hasta el año 1900, pero a partir de ahí empezó a subir”, señala José Manuel Moreno. Y aunque hubo un parón, “cada década ha sido más cálida que la anterior, un evento sin precedentes en la Tierra”, dice Moreno. Según las predicciones basadas en el ritmo actual de calentamiento, las temperaturas máximas en España subirán entre 5 ºC y 8 ºC a lo largo de este siglo.

Respecto a la subida del nivel del mar, el catedrático de Ecología explica que la ciencia no conoce con exactitud las consecuencias del aumento de las temperaturas, pero las grandes reservas de hielo que ahora se están perdiendo suponen una gran amenaza porque “los hielos del Antártico y sobre todo de Groen­landia se están derritiendo y pondrán en marcha un mecanismo de subida del mar de metros. Eso no ocurre de la noche a la mañana, pero una vez que ocurra cambiará la faz de las costas del mundo”.

Las predicciones hablan de una subida del nivel del mar de siete metros de media a finales de siglo si el hielo del Ártico se derrite y siguen aumentando las temperaturas. Se­gún las predicciones del IPCC, no sólo está aumentando el nivel del mar, sino que se prevé un aumento de las olas de calor, dificultades para acceder al agua dulce, un aumento en el número y duración de los incendios y la llegada de especies invasoras. Algunas de estas especies podrían contagiar enfermedades, como es el caso del mosquito tigre, ya instalado en España.

Para José Manuel Moreno es necesario que los gobiernos “sientan la presión ciudadana” y considera necesarias “todas las acciones de movilización, concienciación y formación de los ciudadanos para que los mandatarios entiendan lo que el cambio climático significa y los plazos que tenemos”.

En la atmósfera hay emisiones que aún no han hecho efecto, pero que lo van a hacer en las siguientes décadas, y eso es imparable”, dice este profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha. Moreno sostiene que el sistema climático “tiene una inercia muy grande y las decisiones que tomemos hoy no las veremos mañana, sino en 20 o 30 años”. Comenta que la ciudadanía “entiende mal los plazos, lo que entendemos son cosas de hoy para mañana, lo cotidiano. Nosotros no tomamos una decisión para los próximos 30 años, pero un Gobier­no sí debe hacerlo”.

El hecho de asumir un aumento de las temperaturas de 2,7 grados –algo que ya da por hecho la ONU en función de los compromisos voluntarios que presentaron 147 países antes de la cumbre–, para este científico no es sólo una cuestión económica o ambiental: “Es un problema ético de toda la humanidad. Alguien está tomando una decisión que van a pagar miles de personas a las que no se les va a preguntar si quieren asumirlo”.

En París podemos acordar seguir como hasta ahora, pero en nuestra sociedad no todo el mundo va a pagar igual [las consecuencias] del cambio climático. Los más desfavorecidos no tienen capacidad de adaptarse. Hay algunos que ya han pagado la factura y han muerto. ¿Cuántas facturas más tienen que pagar los que menos tienen?”, se pregunta.