sábado, 8 de julio de 2017

Crítica de la llamada economía social considerada como fin en sí mismo


La liebre y el gato

Hoy en día, cuando el capitalismo ha vuelto obsoleta a la mayor parte de la población planetaria y su aparato militar la puede borrar del mapa cuando quiera, es más revolucionario saber fabricar pan, que saber manejar un arma. Para defenderse de la catástrofe, hay que sobrevivir, por lo que las experiencias autogestionarias dentro del sistema, sea cual sea su resultado, tienen una relevancia estratégica y propagandística que jamás antes habían tenido. Nada me resultaría más grato que contribuir con conocimientos históricos a un programa de emancipación social apoyado en tales experimentos, reflejo de una voluntad de vida sin condicionantes y un admirable amor por la libertad. Sin embargo, la mayoría de las veces los medios empleados en los proyectos no parecen estar en consonancia con los fines que se suelen proclamar. Hay un desfase entre unos y otros que indica un grado de desconexión preocupante con la realidad, al que un lenguaje posmoderno no hace sino resaltar. Habría que liarse a correazos cada vez que sonaran palabrotas como “empoderamiento”, “ciudadanía”, “caja de herramientas”, “dialogicidad”, “deconstrucción” o “poscapitalismo”. La ideología seudoautogestionista usa su propia jerga para dirigir la voluntad de vivir de otra manera hacia la resignación. La facilidad con que la falsa conciencia parasita y limita el horizonte de los ensayos de autonomía me obliga a apartarme de mis intenciones iniciales, pues alguien tiene que avisar del peligro que comporta una interpretación estúpidamente entusiasta y glorificadora de hechos aislados sin tener en cuenta el conflicto social y político en el que éstos ha de insertarse. El gueto autocomplaciente no es la utopía. El gato no es la liebre.

Bakunin confesaba ser un amante de la verdad y un enemigo declarado de los fetiches ideológicos como la patria, la clase, la política, el Estado o el socialismo “científico”. Hoy, ese amor y ese odio serían un buen comienzo, cuando el orden reina sin réplica y la pasión irrefrenable por la confusión y el autoengaño dominan por doquier. Estamos en una sociedad de consumo, masificada, digitalizada y globalizada. Es una sociedad del espectáculo, dentro de una realidad invertida, fruto de la separación insalvable entre las masas dirigidas, confinadas en su vida privada o en un activismo inocuo, y las minorías dirigentes, instaladas en los aparatos del poder. Las masas, acostumbradas a un modo de vida artificial tutelado y horrorizadas ante la amenaza de exclusión, están más que dispuestas a someterse, a creer verdaderos todos los espejismos y a conformarse con cualquier sucedáneo. La esclavitud, bajo las apariencias de la libertad, es más llevadera. El sistema dominante se ha sofisticado con el desarrollo tecnológico y se puede permitir unas reglas del juego flexibles, claro está, siempre que sus intereses no resulten lesionados. Incluso, si todo va bien, es capaz de tolerar la presencia de zonas relativamente autónomas en lugares discretos donde las ideas de liberación puedan materializarse, eso sí, sin rebasar determinados límites que los propios implicados no dudarán en autoimponerse. Lo peor no es que vivamos en una sociedad de masas alienadas, sino que esa sociedad no tenga frente a ella una alternativa real convincente para la mayoría. Signo inequívoco de que la dominación ha penetrado hasta el fondo de las conciencias, y de que su triunfo no sólo es aplaudido por la clase dominante, sino por la “ciudadanía” o como antes se decía, “la sociedad civil”, es decir, por la multitud pasiva de votantes sujeta al Estado.

No obstante, el éxito de la dominación nunca es absoluto. Pero aunque no pueda disimular las crisis que su desarrollismo desbocado no cesa de producir, el sistema de la clase dominante puede paliar sus efectos alimentando una protesta amañada, pacífista e institucional por supuesto, que encauce con mano izquierda cualquier clase de malestar. La dominación, a pesar del estado de descomposición en el que se encuentra, tiene una ventaja estratégica importante: enfrente, las fuerzas son menguadas y el terreno que pisan se ha vuelto estéril para las ideas. Ha conseguido que sus contradicciones no se traduzcan en conciencia antagonista, y que muchísimos la consideren parte de la solución. Un montón de intelectuales y activistas trabajan gratis y a destajo en pro de una domesticación alternativa, un alterconformismo, con el objeto de que jamás cristalice en los conflictos una crítica coherente de la dominación que, revelando su verdad, ayude a conformar un sujeto revolucionario. No lo hacen por maldad, sino por vocación de servir. La batalla contra los ideólogos y sus expectativas adormecedoras tendría que ser forzosamente la primera en librarse. A pesar de todo, no se puede hacer gran cosa cuando la servidumbre voluntaria es la norma; a lo sumo, propaganda de las ideas, bien a través de medios de comunicación paralelos, bien por el ejemplo de realizaciones parciales, y por desgracia, ese también es el terreno de los recuperadores. Hay que situar correctamente el momento y explicarlo en términos de lucha social en el tiempo, o sea en la historia. Hay que separar el grano de una experiencia constructiva, de una movilización o de un sabotaje, de la paja de un discurso mistificador, de un informe técnico o de un trámite jurídico. Igual que cuando las abejas acuden el panal, apenas la protesta despunta enfrentándose a los hechos, la monserga capituladora se apresta a confeccionar proyectos de supervivencia, recoger firmas, suplicar entrevistas con las autoridades y pedir subvenciones. En el lenguaje de la obediencia disfrazada, la genuflexión diplomática es el punto culminante de la lucha, y el empantanamiento procesal es la victoria. Nunca se hablará más de soberanía popular, de autonomía, de autogestión, de contrapoder, de utopía, etc., que cuando la realidad sea precisamente la opuesta.

El mundo esclavo de la mercancía es mayoritariamente urbano, en guerra con su entorno y sus pobladores. Así lo atestigua la urbanización desbocada, la motorización general, la industria agroalimentaria, la contaminación, el cambio climático, la desigualdad creciente y las guerras por los recursos que se acaban. Un mundo libre ha de ser exactamente lo contrario, eminentemente rural, aunque no hostil a la ciudad autogobernable, reducida a dimensiones humanas. Ese mundo nuevo nacerá de la guerra contra el viejo. Actualmente, en pleno desequilibrio entre naturaleza y civilización, inmersa la humanidad en una crisis ecológica sin fin, ni el campo, ni la metrópolis son espacios donde la libertad pueda ser posible. La libertad la entendemos como producto de la correspondencia directa entre las palabras y los hechos, algo que no puede ser posible sin la abolición previa de todas las instituciones. Lo rural y lo asfaltado no se rigen por otras reglas que las de la economía, ni albergan instituciones que representen otra cosa que su dominio, siempre real y profundo. La misma vida indigna y antinatural se lleva en cualquier parte. Es evidente que la salida del capitalismo será un movimiento revolucionario o no será nada. Movimiento a la vez destructivo y constructivo. Un proceso desurbanizador y desestatizador donde la desproletarización implicará un tipo de asentamiento cualitativamente diferente al del presente, económicamente autogestionado y políticamente autogobernado. Asimismo, tras una lucha dura, con arduos combates, el campo será desindustrializado y colectivizado. Podemos hacernos una idea con rememorar figuras del pasado: juntas vecinales, concejos, bienes comunales, derecho consuetudinario, campos abiertos, ágora ciudadana, huertos urbanos, barriadas populares, consejos obreros, etc., etc. Sin embargo, no se trata de un retorno, sino de una evocación. La inspiración puede buscarse en épocas precapitalistas o de capitalismo incipiente, pero la poesía debe surgir del presente.

El anarquismo fue un ideario práctico nacido en una época revolucionaria, con una clase obrera dispuesta a cambiar el mundo de arriba abajo y de la circunferencia al centro. Como metáfora genérica podríamos decir que si el pensamiento no huele a pólvora, no es anarquismo. Cada vez que se han dado condiciones revolucionarias, el anarquismo ha sido fructífero. Pero ni la época actual es proclive a las revoluciones, ni son revolucionarias las intenciones de los asalariados modernos. Los trabajadores desclasados por el consumismo no sueñan con sindicatos únicos, comités de fábrica o consejos obreros. Más bien lo contrario; en los países ultracapitalistas la clase media asalariada es quien ha tomado la iniciativa, comunicando su filisteismo a toda la población explotada. Ni la actividad contestataria, ni la disidencia, escapan a la mentalidad mesocrática -ambivalente, oportunista y precavida- que está presente en todas partes; pretendidos rebeldes se convencen con facilidad de que se pueden obtenerse cambios sociales de consideración sin necesidad de combatir, y, por consiguiente, sin correr riesgos. Será suficiente con una serie de mediaciones jurídicas, políticas, sindicales y económicas. Habitualmente, en los medios libertarios, tal manera de pensar y actuar encontró su sitio en el sindicalismo de concertación, pero dada la relevancia cada vez menor de los sindicatos y la conflictividad laboral, ahora se inclina hacia la “economía social”, eso que los dirigentes mundiales llaman desde hace tiempo “tercer sector”. No es ésta una economía ajena al orden establecido; su función consiste en administrar la exclusión y convertirla, si no en un negocio rentable, al menos en un gueto controlado y pacificado. La fuerza de trabajo que el mercado no necesita puede gestionarse colectivamente sin problemas mediante fórmulas cooperativas legales, financiadas con capitales del primer sector (la empresa, la banca, los particulares) o del segundo (el Estado, los fondos europeos, las administraciones menores). De preferencia, con la mediación de una nueva casta político-funcionarial que orienta y administra la marginación. La pregunta que habría de hacerse es la siguiente: desde la autogestión de la miseria, la única salida para cada vez más gente, ¿podemos lograr una sociedad libre sin jamás enfrentarnos con el orden?.

El discurso economicista de la lumpenburguesía posmoderna es ingenuamente triunfalista y embarullado. Abunda la propaganda trompetera del ICEA, SAT, CIC y otras hierbas edulcorantes. Hace malabarismos con la historia, amalgamando de la forma más gratuita realidades descontextualizadas y valorándolas positivamente de la forma más absoluta: las cooperativas de Lanark, las de Mondragón, el banco de crédito proudhoniano, las colectividades de la guerra civil, la autogestión yugoeslava, los piqueteros argentinos, Marinaleda, las cestas de los grupos de consumo, los bancos de tiempo, etc. Son como epifanías particulares de un mismo fenómeno universal, que sucede circularmente en cualquier momento y lugar. La susodicha “narración” cobró fuerzas tras el 15M modelo Madrid, fecha capital de la ideología ciudadanista y primera respuesta autónoma a la crisis de los jóvenes sin futuro de la clase media. El aspecto antieconómico de cualquier plan revolucionario representado la gratuidad, el don, el regalo, la fiesta y el potlach, está completamente ausente en la oratoria ciudadanista. Ésta asegura que una nueva sociedad es posible sin necesidad de cambios radicales como la erradicación del turismo, la supresión del dinero o la abolición del mercado, ni de revoluciones violentas. Habiéndose vuelto insoportable la vida en las conurbaciones, basta con la progresiva y pacífica vuelta al campo de individuos, familias y colectivos para que, gracias a internet y a la aplicación gradual de recetas cooperativistas, conseguir en un plazo razonable una sociedad autogestionada. La revolución ha sido relegada al museo; ya no se trata de destruir el capitalismo, sino de “trascenderlo”.

Veremos cómo se efectúa la “trascendencia.” De movilizaciones, las menos. Se supone que una economía social es posible en el seno de la otra, la capitalista, y que gracias a sus bondades, la primera, la que interesa al 99% de la gente, acabará desplazando a la segunda, la del 1%, que humildemente aceptará su obsolescencia. La ocupación de tierras, a pesar del caso de Fraguas (Guadalajara), un malentendido sin duda, colaboraría con los planes de ordenación territorial que cuentan con el respaldo de la Delegación del Medio Ambiente del gobierno respectivo. La sobreexplotación de acuíferos por culpa del cultivo superintensivo hallaría una solución satisfactoria para el ecosistema y los cultivos tradicionales, aunque este no parece ser el caso del municipio de Tabernas (Almería) y de su río Aguas. El desarrollismo y el decrecentismo convivirían disputándose pacíficamente espacios, como en un tablero del Palé, suponemos que haciendo la vista gorda a las incineradoras urbanas, a las térmicas, a las macrocárceles, a las minas de uranio, a los tendidos de alta tensión, a las autopistas y a las centrales eólicas. La misma lógica gobernaría en la educación, la sanidad, la justicia, los medios de comunicación y la cultura: las prácticas alternativas se codearían con las mercantiles, y como se solía decir, aquí paz y después gloria.

Para los tartufos políticos y economistas de la clase media ciudadana, una sociedad autogestionada, convivencial, frugal y saludable, subsistiría durante un periodo de tiempo más o menos largo dentro de una economía turbocapitalista, competitiva, hiperurbanizada, policial, enferma y consumista, puesto que la transición desde la marginalidad al convivencialismo generalizado no habría de ser para nada rompedora, o dicho con claridad, revolucionaria. Caminamos hacia el “poscapitalismo”, no hacia el comunismo revolucionario. Al miserable euro no le quedaría más remedio que intercambiarse con las monedillas de trueque o los cheques de tiempo. Pero ¿qué pasa con el Estado? El Estado, en manos de la “ciudadanía empoderada”, procuraría que la transición discurriera como los partos con epidural, sin dolor. La neutralidad de las instituciones se da tan por sentada como la disposición de las multinacionales a retirarse de la escena. La política no se cuestiona en absoluto. Reivindicaciones como la renta básica, la moratoria de la deuda, los servicios sociales sin recortes y el fomento del trabajo autónomo, dependen del Estado y son pilares básicos de una economía social como dios manda, es decir, como una forma pobre de “estado del bienestar”. No sorprende que las simpatías por la política socialkeynesiana tipo Podemos, Mareas, En Comú, la CUP, Compromís o Bildu, abunden en el gueto decrecentista y cooperativo. El ciudadanismo político, partidario de una cierta regulación estatal del mercado, es el complemento necesario en la larga marcha al “poscapitalismo”, un estadio de gracia trascendente donde los gatos y las liebres son indistinguibles.

Si las especulaciones ideológicas de los ciudadanistas parecen el cuento de la lechera, es debido a que la crisis prolongada del capitalismo ha deteriorado tanto las subjetividades que los fantasmas de la telerrealidad circulan como moneda corriente por el imaginario atrozmente empobrecido de las clases medias. Pero no se puede ser tonto todo el tiempo; incluso para un individuo crédulo y cándido no será complicado darse cuenta de que cooperativas no equivale a autogestión. La forma no es el contenido. Tampoco la contingencia es el concepto: plantar huertos no es lo mismo que soberanía alimentaria. Asambleas no es igual a debate libre, ni desurbanizar significa cambiar de domicilio. No se superan los antagonismos con fórmulas, catecismos o letanías por mucha voluntad que se ponga. En realidad, por encima de los tópicos ¿se está hablando de salir del capitalismo o de ocupar sus márgenes? ¿De repoblar el territorio o de hacerse un hueco entre las infraestructuras, la propiedad privada y la industria del ocio? ¿De arrebatar espacios al mercado o de sobrevivir en lugares yermos? ¿De suprimir los efectos de la exclusión o de acabar con sus causas? ¿De administrar la catástrofe o de suprimirla? ¿De entrar en el jodido y trascendente poscapitalismo o de instaurar el comunismo libertario?

El retorno al campo y el desmantelamiento de la conurbación son dos aspectos inseparables de la lucha contra el Capital y el Estado. Las experiencias de ruralización solamente sirven a la causa de la libertad en tanto que ejemplos de convivencia revolucionaria y defensa del territorio. No son fines en sí mismos. Según cómo se planteen, son una inestimable ayuda para el sistema, puesto que reintroducen en la economía de mercado a sectores desahuciados por éste. Acabar con el capitalismo es otra cosa. Implica una segregación importante de población, un espacio autónomo extenso, una comunidad de lucha numerosa y una voluntad de combate determinada. Y por encima de todo, implica incompatibilidad, riesgo, enfrentamiento, violencia. Todo lo que la clase media friki no quiere. El objetivo no pasa por construir un sistema con ribetes libertarios al lado de otro explotador, sino en agrupar fuerzas para abolir la explotación. El final de la opresión no vendrá como consecuencia de una combinación económica que garantice una supervivencia tranquila y un diálogo constructivo de mediadores políticos y jurídicos con la clase dirigente, sino de una guerra victoriosa contra las fuerzas opresoras. Quien diga lo contrario, está mintiendo como un bellaco.


Charla en las Jornadas de Crítica Social en La Querida, Rodasviejas (Salamanca), 27 de mayo de 2017.




lunes, 3 de julio de 2017

"Vivir a coste cero" en El Día de Segovia



En la revista semanal El Dia de Segovia han publicado un reportaje sobre nuestro proyecto en Vellosillo. Adjuntamos un enlace con la versión digital del periódico en papel. Portada y páginas 36 a 38.



martes, 20 de junio de 2017

La industria del caballo como vector de una economía sostenible en el nordeste de Segovia




El pueblo de Vellosillo ha vuelto a convertirse este año en el centro neurálgico del mundo de caballo en el nordeste de Segovia, con la celebración de la Fiesta del Caballo este sábado. Se trata de la segunda edición de un evento que gira alrededor del caballo, con un concurso de TREC (Técnicas de Rutas Ecuestres de Competición) como hilo conductor.

El TREC es una disciplina ecuestre innovadora, de gran éxito en Europa, que se basa en desarrollar técnicas deportivas para la equitación de campo. Los participantes en el concurso de Vellosillo se enfrentaron a un recorrido muy técnico que tuvieron que ir descubriendo con el mapa del terreno y su intuición, encontrando una serie de controles con una ubicación secreta, regulando la velocidad y el esfuerzo del caballo entre cada control. Lo abrupto del trazado y la espectacularidad de la prueba de terreno variado, que recorría el cauce seco del río Caslilla, las lastras del Cantoblanco y las cárcavas, unido a una meteorología extrema, con un calor abrasador, convirtió la prueba en algo épico. Nuestro jinetes segovianos han vuelto han demostrar su valentía y tesón.

La Fiesta del Caballo de Vellosillo ha aglutinado también experiencias con caballos para todos los aficionados, combinando espectáculo y belleza. La organización, compuesta por 40 voluntarios, fue realizando con ritmo trepidante exhibiciones de doma y salto, paseos gratuitos en caballo y poni, y una Feria de Caballos, donde se ha podido contemplar y obtener información sobre algunos de los mejores caballos y potros a la venta en el nordeste de Segovia, una zona idónea para la cría y entrenamiento de caballos.

Varios artesanos locales daban a conocer su trabajo en la Feria de Muestras que ha organizado por primera vez los promotores del evento, en una zona reservada para ello junto a la pista de equitación artificial en el frontón del pueblo, demostrando que la industria del caballo puede ser un vector importante en el desarrollo local de una economía sostenible, uniendo tradición e innovación.

El evento ecuestre, sin igual en la zona, ha estado organizado por dos de las asociaciones más activas e innovadoras de Segovia, la Asociación de caballistas del nordeste, que trata desde hace cuatro años de desarrollar una industria del caballo en la zona, y la Asociación de vecinos de Vellosillo, una organización vecinal que gestiona el pueblo de Vellosillo y su territorio desde hace más de 50 años.

En la categoría de iniciación conseguía su primera victoria en un TREC, Alvaro Olmedilla, uno de los jinetes con más proyección en la zona, montando a un potro de cuatro  años en fase inicial de doma, Elipse. Le seguía en el podium, Angela Nava con Apolo, un potro de 4 años con el que está consiguiendo muy buenos resultados en los concursos de doma y salto. Cerraba el podium, Ayla Gutierrez con su explosiva yegua Lady Daga. Estos tres jinetes de Yeguada Riaza protagonizaron la espectacular exhibición de salto en la que los caballos entraban a galope por la calle del frontón para enfrentar un único salto situado en la pista de arena.

Angel Agueda realizaba una exhibición de doma clásica, seguido por Ainhoa Iglesias que asombraba a todo el público montando a la amazona a su yegua Doña Gitana, realizando ejercicios de alta escuela y doma vaquera. Completó la mañana, una escena de teatro, creada por Sepúlveda Viva, basada en un personaje histórico vellosillano del siglo XV, Alvar Rodriguez de Vellosillo.

En la categoría de promoción, la dificultad de la prueba se había subido de forma importante, parejo al buen nivel de equitación que van alcanzando los jinetes de la zona. La apoteosis llegaba cuando en la entrega de premios el locutor anunciaba el primer puesto  del TREC en la categoría superior para Marina Alcaide y su yegua An-Gelasa, joven promesa local del pueblo de Vellosillo, que con tan solo 13 años a ido ganando algunas de los concursos con mayor reputación, como el Raid de Boceguillas o el recientemente organizado en Cuéllar. El segundo puesto iba para Jose María de Diego con Calcetines, un binomio en muy buena forma, como demostraban en el Raid Internacional de Hornillos, ganando la prueba de 40 kilómetros. El tercer puesto fue para Mario Pastor con Campero, demostrando que es uno de los jinetes con mejor nivel en la zona, al mantenerse en el podium tras la victoria en el TREC de Vellosillo del año pasado.

Publicación original




jueves, 1 de junio de 2017

La malas prácticas del Colegio de Arquitectos de Castilla y León


En estos momentos nos encontramos en el momento de presentar nuestro nuevo proyecto, el que denominamos como Prototipo III, en el Colegio de Arquitectos de Castilla y León. Una vez terminado, tras un intenso trabajo, el arquitecto encargado ha presentado en el Colegio el proyecto el día 30 de mayo.

Hoy, 1 de junio, recibimos un email emitido desde el Colegio, sin texto, simplemente adjuntado un fichero con un documento titulado "Requerimiento de pago".

Esta es nuestra respuesta al correo, por supuesto, una vez abonado el importe, ya que si no es así, no nos permiten continuar con el proceso.
Estimados señores, 

Nos vemos obligados a señalarles que mandar un "Requerimiento de pago" en un correo electrónico, simplemente con un fichero adjunto, al estilo empresa de gestión de morosos, es de una falta de educación y torpeza difícil de igualar, cuando lo que tienen que gestionar son los pagos de los honorarios del arquitecto que hemos contratado y al que estamos pagando puntualmente. Supongo que la posición del COACYLE, COLEGIO OFICIAL DE ARQUITECTOS DE CASTILLA Y LEÓN ESTE, como un monopolio de hecho otorgado por el Estado, les permite suponer que pueden utilizar un lenguaje coactivo contra los pobres promotores que hacemos proyectos, invirtiendo nuestro dinero y esfuerzo, sin seguir ningún tipo de normas de educación y respeto. Me gustaría trasmitir a las personas responsables de su entidad nuestra queja, ante un hecho que consideramos indecente y prepotente, y que no hace sino incentivar el que dejemos de invertir en nuevos proyectos en Segovia.

Atentamente




jueves, 27 de abril de 2017

Enlaces para entender el colapso de la civilización occidental




Nuestra opinión es que ya no hay tiempo. El colapso ya está sucediendo. Estamos metabolizando nuestro hábitat a velocidad de vértigo. Es probable que estemos viviendo las etapas iniciales de un colapso civilizatorio. Vamos directamente hacia otra cosa, incierta y desconocida, y que no estará exenta de dolor. La nueva civilización, si conseguimos reestablecer un hábitat estable en las próximas generaciones será órganica, menos compleja, más low tech que high tech, más local que global, Lo que ahora vale, dejará de valer. Lo que ahora no vale nada, pasará a ser lo que valga. Aunque la sensación más común es que estas cosas pasan lejos, ocurrirá cerca de tu casa.

Algunas de nuestras reflexiones:




martes, 25 de abril de 2017

Ganadería regenerativa: prácticas ganaderas que debemos desaprender




Independientemente de las ideas personales y tendencias, es necesario desaprender un montón de cosas innecesarias que practicamos los productores, profesionales y académicos, que nos hicieron dependientes de maquinaria, implementos, pesticidas, herbicidas, fertilizantes, balanceados comerciales, semillas, desechos de la agroindustria, granos y otros insumos, depredadores del bolsillo de los productores, del medio ambiente y de la salud de los consumidores. Los cuales adoptamos dogmáticamente, como la única alternativa de producción ganadera, actitudes adictivas impuestas por la publicidad, que ha costado serios reveses y demandas, a quienes se han atrevido a desafiar los intereses de las transnacionales, un reducido número de compañías que controlan la agroindustria la producción y comercio de los alimentos a escala mundial, así como la fabricación de tractores, equipos e insumos. 

Realmente necesitamos desaprender lo impuesto por las transnacionales del agro y la academia, al servicio de las transnacionales.

1. Eliminamos todos los árboles de nuestras tierras (deforestamos), bajo la excusa de que la sombra limita el crecimiento de los pastos. La verdad es que debajo de los árboles, el crecimiento del pasto es exuberante, además de crear un microclima favorable y evitar la pérdida de humedad del suelo, los árboles son una excelente bomba fertilizadora al extraer nutrientes desde las capas profundas del suelo e incorporarlos a la superficie, como hojas y frutos.

2. Entendimos mal, incluida la academia, que todo lo que no sea pasto, en los potreros, había que eliminarlo utilizando arados, guadañas o cortadoras, fumigadoras y otros equipos, tirados por tractores, y la “mejor solución”: matar con potentes herbicidas, las mal denominadas malezas de los pastizales. La verdad es que cuando pequeñas áreas, son sometidas a altas cargas instantáneas de animales; seguido por un adecuado periodo de reposo, las malezas, van desapareciendo, anulando el contaminante y costoso uso de herbicidas, que aniquilan también los organismos benéficos del suelo.

3. Estábamos convencidos que, para obtener una mayor y rápida cantidad de biomasa por hectárea de pasto cultivado, es necesario utilizar fertilizantes químicos solubles, procedentes de reservorios fósiles finitos, que también matan la vida del suelo. La realidad es que altas cargas instantáneas de ganado, comiendo pasto que usa solo energía solar limpia infinita, rotando racionalmente, 6 a 12 veces al año, el mismo pastizal, deja a su paso, cerca de 30 toneladas por ha, de boñiga o mierda y orina, abono orgánico, capaz de lograr superiores resultados, que los fertilizantes químicos, beneficiar, aumentar la vida del suelo y mejorar su estructura y fertilidad año tras año.

4. Nos hicimos dependientes de los alimentos balanceados comerciales, comprometiendo la rentabilidad de las ganaderías, usando granos para los que los rumiantes no están biológicamente diseñados; granos que deben ser destinados al consumo humano directamente, con el consiguiente gasto en fábricas, para su procesamiento. Los granos acidifican por debajo de 5, el pH ruminal cuyas bacterias viven cómodamente en un medio con pH cercano a 7, que es el obtenido con la ingestión de pasto. La verdad es que una combinación de gramíneas y leguminosas rastreras, arbóreas o arbustivas en los potreros, manejados racionalmente, anulan totalmente, esa dependencia.

Millones de bovinos en el mundo, son alimentados con granos provenientes de grandes sembradíos que además de consumir grades cantidades de energía fósil finita, para su producción, consumen grandes cantidades de agrotóxicos, cancerígenos todos, que finalmente desertifican el suelo, que además libera enormes cantidades de CO2, a la atmosfera, cada vez que son arados, para sembrar cultivos perecederos. Es la gran estupidez de nuestra civilización.

5. Creíamos que, para sembrar, resembrar o restituir pastizales, es necesario arar el terreno, lo que causa un rompimiento del equilibrio ecológico y del ciclo del etileno, liberación de carbono a la atmosfera, muerte de la biota, y disminución de su fertilidad, que tarda años en recuperarse. La verdad es que podemos sembrar directamente sobre el tapiz, nuevos pastos mejorados, o suministrar sus semillas a los animales, junto a las sales minerales o cualquier otro vehículo y ellos se encargarán de esparcirlas, a través de la bosta, homogénea, ecológica y económicamente, en el terreno, con abono gratuito incluido; este método es el que ha utilizado la naturaleza por millones de años, a través de la manada pastando.

6. Administramos a los animales las costosas ivermectinas y otros compuestos, como la forma ideal de controlar parásitos del ganado. La verdad es que contaminan las heces de los herbívoros, exterminando coleópteros como el escarabajo estercolero que comen y entierran las excretas, así como a lombrices, termitas y otros componentes microscópicos de la benéfica biota del suelo, en detrimento de su fertilidad.

Se ha determinado que las ivermectinas y demás derivados de las lactonas macro cíclicas, pueden ser sustituidas ecológicamente, por desparasitantes orgánicos y biológicos, tales como: el extracto de Nim (Azadirachta indica), y otros, así como un inmunógeno inyectable que inhibe la ovoposición de las garrapatas, disminuyendo su población. Sabemos que una rotación diaria de potreros rompe el ciclo reproductivo de endo y ecto parásitos, y que la arborización de potreros hará retornar la avifauna controladora de parásitos.

7. Aprendimos mal, que para aumentar la capacidad de sustentación o de carga, es necesario instalar costosos sistemas de riego, perforar pozos profundos y rebombear agua, al pastizal, con el consiguiente gasto de energía, para que la producción, no merme en la época seca. La verdad es que, con arborización, manejo eficiente y conservar intactos suficientes potreros en buenas condiciones, para la época seca, se puede mantener una producción prácticamente uniforme.

8. En los últimos 100 años, exterminamos buena parte de nuestros rebaños criollos latinoamericanos que cuentan con 500 años de adaptación, precoces, de elevada fertilidad y longevidad, consumidores de forrajes toscos, resistentes a las altas temperaturas, humedad y a parásitos tropicales, entre otras características. Fuimos segados por la publicidad foránea que nos mostraba en fotos, hermosos vacunos de zonas templadas, que importamos en pie y también su semen; animales que nunca se adaptaron en su condición pura, en los que nos gastamos una fortuna, e indiscriminadamente cruzamos nuestro criollos, absorbiéndolos, cuando la verdad es que con ellos, podemos utilizar cruzamientos dirigidos y obtener nuestra propia raza Doble Propósito Tropical, adaptada, cuyo germoplasma aún poseemos, la cual no alcanzará las quiméricas producciones de las razas europeas, pero es económicamente sostenible, sin el uso de tantos insumos.

9. Se nos ha venido diciendo que altas cargas animales instantáneas, compactan el suelo, exterminan el pastizal y contaminan la atmósfera. La verdad es que el estiércol y orina depositados durante unas horas, cada 30 a 60 días promedio, es procesada rápidamente por macro, meso y microorganismos del suelo, desencadenando el ciclo del gas etileno, que lejos de compactar aumenta la porosidad y aireación del suelo, su capacidad de retención de agua y fertilidad. Mientras más ganado visita periódicamente un pastizal, potrero, parcela o piquete, más excretas en el suelo, más materia orgánica que se transforma, obteniéndose mayor producción de forraje, así como la capacidad de sustentación que se vuelve creciente, hasta lograr cargas superiores a 5 unidades de ganado mayor/ha/año, según las condiciones edafoclimáticas.

10. Copiamos y adoptamos la estabulación, práctica obligatoria en los países con crudas heladas y nevadas, con todo el gasto innecesario en establos, insumos, maquinaria equipos, mano de obra y disposición de excretas, que ello implica, haciéndola una actividad no rentable, comparativamente con el pastoreo agroecológico, donde una sola persona puede manejar en pastoreo, más de 1.000 animales, diariamente, sin necesidad de tal infraestructura y equipos.

11. Extensas áreas silvopastoriles están siendo aradas cada año en Latinoamérica, para sembrar semillas transgénicas (OGM) que luego fumigan con el cancerígeno y depredador herbicida glifosato, al que solo esa semilla, es resistente, ambos propiedad de una sola compañía, que junto a otras dos, controlan ese negocio mundial de los granos, de principio a fin; han iniciado una campaña mundial para aumentar su consumo, para atender los intereses del complejo industrial petroquímico-mecánico. Dedican enormes sumas de dinero en desmentir que los pastizales son sumideros de carbono y que una hectárea de pasto permanentemente, puede secuestrar y enterrar muchas toneladas de carbono al día.

12. Las sequías y las inundaciones son causadas por la destrucción de la capa superior del suelo y en consecuencia, su fauna biológica o microorganismos (biota). Debido a los arados continuos los suelos han sido lavados por la lluvia y el viento, aflorando una costra dura compactada que, en lugar de absorber el agua, esta, corre y causa inundaciones. Cuando el agua no es retenida por el suelo, por el contrario, causa severa sequías, con el consecuente daño al suelo y a los animales. “Extensas praderas se están convirtiendo en un desierto debido a la falta de animales en pastoreo dirigido”. El crecimiento de los desiertos puede ser detenido gracias al pastoreo; usando la cerca electrificada; podemos usar el pastoreo de herbívoros domésticos para restaurar la próspera, biodiversidad de las praderas.

13. El papel de los herbívoros a pastoreo en nutridos rebaños en movimiento continuo, controlado con la cerca electrificada, es crucial para detener la desertización de los suelos y el cambio climático. Es una emulación de lo que en el pasado hacían las grandes manadas de herbívoros en las praderas, obligadas a mantenerse pastando juntos, para defenderse de los depredadores, excretaban abundantemente en un mismo sitio; al terminar de comer y ensuciarlo, se movían hacia otro sitio, promoviendo un exuberante crecimiento de gramíneas y todo tipo de cobertura vegetal, que protege los suelos de la erosión causada por lluvias, viento e insolación.

Los científicos y estudiosos del tema, que además son productores, que han aportado avances sobre el freno a la desertización, entre los que destacan: André Voisin, Allan Savory, Luiz Pinheiro, Nilo Romero, Bill Molinson, David Holgrem, Geoff Lawton, entre otros, han llegado a la conclusión de que son los rumiantes en pastoreo racional o dirigido, los llamados a recuperar los suelos degradados del planeta, convirtiéndose en consecuencia, en un factor de primer orden, para atenuar el cambio climático.

Existe un dicho en Nueva Zelanda y Australia, países con más bajo costo de producción por litro de leche: “Producir con rentabilidad es sensatez, producir muchos litros por vaca es vanidad”





miércoles, 12 de abril de 2017

Carlos de Castro sobre sostenibilidad en la ciudad y en el mundo rural


Hoy, cada metro cuadrado de una ciudad disipa entre 10 y 100 vatios de potencia, con cierta tendencia a que las ciudades más grandes disipen más por metro cuadrado (es donde encontramos los rascacielos y las grandes avenidas congestionadas de vehículos, donde en verano su propio calor requiere de cada vez más aires acondicionados, donde el sol no llega en invierno por la sombra de otro gran edificio). Sin embargo, los sistemas de captación externos a la ciudad de energía eólica o fotovoltaica (esos que se vendrán abajo también) no llegan a proporcionar ni 10 vatios por metro cuadrado, y la biomasa aún mucho menos. Por tanto una urbe energéticamente depreda/depredará varios órdenes de magnitud su territorio (y salvo que bajemos el consumo en dos órdenes de magnitud -lo que implicaría dejar de ser cualquier ciudad imaginable- seguirá siendo un sistema fuertemente parasitario e insostenible).

[...]

No hay suficiente espacio en el medio rural ya para el crecimiento que se necesitaría para alojar a tanto urbanita sosteniblemente. Y aún menos si partimos de una obviedad: no se hará ordenada y planificadamente (los urbanistas están a otra cosa y así seguirán por un tiempo). ¿Alguien conoce a algún arquitecto de algún sitio del mundo que esté haciendo planes para reducir Sao Paulo, Nueva York, Barcelona a un 10% o menos de su población actual? ¿No? Pues ya llegan tarde… “Planificar” el colapso, no el decrecimiento, es de lo que se trata. El lunes pasado se lo dije a todos los alumnos de primero de arquitectura de la Universidad de Valladolid (unos 150). Apostaría a que pocos estudiantes de arquitectura del mundo reciben esa información tan cruda. Quizás uno o dos dentro de 15 años recuerde nebulosamente algo de lo que les presenté: básicamente la inevitabilidad del colapso civilizatorio y las posibles adaptaciones que como arquitectos podrían llevar a cabo:

1ª construir barato, duradero y local (aquí sí están algunos)
2ª rediseñar las urbes (movilidad, orientación solar…) (alguno también aqui)
3ª deshacer las ciudades grandes y convertirlas en minas (¿cabe en la imaginación?)
4ª cambiar de visión hacia una imitación de la naturaleza (cierre de ciclos y metabolismo orgánico -pero esto será a nivel teórico porque solo se podrá hacer tras el colapso, para las nuevas civilizaciones bajas en energía y tranquilas y superavanzadas en el desarrollo tecnológico-).

Fragmentos de comentarios de la entrada Detrás del milagro urbano está la energía




martes, 28 de marzo de 2017

“El colapso no es un brusco apagón, sino un proceso que dura décadas”



Hay sociedades que ya han entrado en el colapso. Irak, Siria, Afganistán y un buen número de estados africanos se han adentrado en un franco declive del flujo de energía y materiales. El colapso social y ambiental es el resultado de un proceso, “no un brusco apagón”, sostiene la activista, directora general de FUHEM (fundación que trabaja en las áreas educativa y ecosocial) y excoordinadora de Ecologistas en Acción, Yayo Herrero. La antropóloga, ingeniera técnica agrícola, educadora social y significada ecofeminista ha escrito con Fernando Prats y Alicia Torrego el libro “La gran encrucijada. Sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico” (Libros en Acción), presentado en Valencia por el Frente Cívico.

Herrero considera que la crisis climática es hoy mucho más que una amenaza, “porque no se están adoptando medidas; hay un claro analfabetismo ecológico de quienes toman las decisiones, que ignoran los procesos incontrolables que se desencadenan en la naturaleza”, resalta la activista. Además de “La gran encrucijada”, cuya segunda edición ha visto la luz en febrero de 2017, ente los últimos textos de Yayo Herrero figuran una entrevista en la revista de Ciencias Sociales “Encrucijadas” (2016), titulada “Ecologismo. Una cuestión de límites” y el artículo “Apuntes introductorios sobre el ecofeminismo” (2015), publicado en el boletín del centro de documentación Hegoa.

- El libro La gran encrucijada destaca en diferentes apartados la importante función de los imaginarios. ¿Por qué se les atribuye esta relevancia?

El gran logro del sistema capitalista, ya lo decía Margaret Thatcher, fue la conquista del alma de las personas. Esto significa no sólo apoderarse de la política y la economía, sino también de la cultura, de la forma en que las personas pensamos y concebimos el mundo y, por lo tanto, actuamos en él. Esa disputa de la hegemonía cultural obliga a revisar conceptos como el de “bienestar”, “seguridad”, a qué llamamos “vida buena” o el “progreso”.

- ¿Con qué materiales tendría que edificarse un imaginario “alternativo”?

Creo que con la noción de que las personas somos profundamente ecodependientes. Y, al serlo, estamos clarísimamente sujetos a los límites físicos de la tierra y al funcionamiento de los ciclos naturales. Si se alteran y superan, se llega a situaciones de riesgo como las que tenemos hoy. Habría que tomar conciencia, asimismo, de que no podemos vivir como seres aislados. El capitalismo ha fabricado individuos que se pretenden autónomos e independientes del resto, cuando realmente somos seres profundamente interdependientes: la vulnerabilidad es un rasgo de cada vida humana en solitario. Siendo conscientes de las vidas vulnerables, podemos cambiar las lógicas económicas, de producción y trabajo.

- Otra idea que aparece en el libro es la de “resiliencia”, un término que se le toma prestado a la psicología...

El concepto tiene su origen más bien en la Ecología. Se trata de la capacidad que tienen los sistemas vivos para adaptarse a las perturbaciones, y reaccionar ante éstas. En un ecosistema, cuando se produce una perturbación, existen toda una serie de mecanismos de realimentación y adaptación. El principal objetivo es defender el máximo de vida posible dentro de ese sistema.

- ¿Cómo se aplica este concepto a la amenaza de cambio climático?

Frente a un cambio climático galopante, y que no será posible revertir por completo; ante el declive de la energía fósil, y el agotamiento de muchos minerales que sostienen hoy nuestro sistema socioeconómico, necesitamos generar sociedades que, con criterios de justicia, igualdad y poniendo en el centro la defensa de la vida de las mayorías sociales, se adapten a la situación que se nos viene encima.

- Más allá de las ideas en abstracto, ¿hay alguna sociedad que pueda tomarse hoy como punto de referencia?

No conozco ninguna sociedad en el mundo que esté dando los pasos con la fuerza necesaria. Hay estudios en torno a la Economía Ecológica, la Economía Feminista y la economía política que defiende la distribución que apuntan a ese fin, pero sin contar con buenos planes de ruta. Con sus luces y sombras, una referencia interesante es el Periodo Especial en Cuba tras el derrumbe de la URSS. Una tesis doctoral de Emilio Santiago Maíño dirigida por Jorge Riechmann profundiza en la cuestión. Porque el caso cubano es el más parecido a un colapso súbito del flujo de energía y materiales...

- Se trataría, sin embargo, de un decrecimiento forzado, no elegido como opción económica.

Pero es que los colapsos que van a llegar son forzadísimos. El decrecimiento de la esfera material es ya un dato. O que les pregunten a los iraquíes, a los sirios, a los afganos y a otras poblaciones de África si el flujo de materiales y energía ha decrecido o no, por la vía de la guerra, el saqueo y la expropiación. Estamos actualmente en un momento en que los sectores y pueblos con poder económico, político y militar mantienen sus estilos de vida a costa de saquear recursos de otros lugares.

- ¿Es algo tangible esta caída en los flujos de materiales y energía? ¿En qué se traduce?

Antes de la última invasión de Irak (2003), este país tenía -por su condición de extractor de crudo- el nivel de consumo de petróleo per cápita más elevado del mundo. Cuando se produce la invasión, y el control de los yacimientos depende o pasa a manos de potencias extranjeras, no sólo se produce un saqueo de los recursos; se consigue además que la población iraquí no mantenga los niveles anteriores de consumo per cápita, que actualmente se asimilan a los de la Alta Edad Media.

- ¿Con qué autores y referentes teóricos te manejas para acercarte a la “gran encrucijada”?

En el ámbito de la Economía Ecológica destacaría a Herman Daly; y en el estado español sobre todo los trabajos de José Manuel Naredo y Óscar Carpintero. En la Economía Feminista son centrales Cristina Carrasco y Amaia Pérez Orozco. Por otro lado, es muy importante a mi juicio Mary Mellor dentro del Ecofeminismo. Además como grandes divulgadores sobresale la obra de Ramón Fernández Durán y Jorge Riechmann.

- Tal vez todos ellos se planteen una pregunta que formula el libro: ¿Está la humanidad a tiempo de parar un colapso ecosocial?

Es la pregunta del millón. No creo que podamos hablar de un colapso general, hay sociedades que ya se encuentran colapsadas. Según la información científica disponible, de lo que sí estamos a tiempo es de –si dejáramos de extraer el petróleo que se halla bajo tierra– afrontar una transición energética que camine hacia un decrecimiento en el uso de materiales y energía; y de revertir algunos de los efectos más catastróficos del cambio climático. Por ejemplo, impedir el aumento de las temperaturas en 1,5ºC respecto a los valores industriales, que es lo que podría desencadenar fenómenos no controlables por la humanidad. Desde una perspectiva racional, podríamos evitarlo. Otra cosa es la actual correlación de fuerzas y la incorporación de estas ideas, no sólo en los poderes económicos, sino incluso en la izquierda transformadora: está tan por los suelos que parece difícil la articulación de un cambio.

- ¿Es la crisis climática una amenaza fuera de control?

Actualmente sí, porque no se está adoptando ningún tipo de medida. Hay un analfabetismo ecológico de quienes toman las decisiones, que desconocen la existencia de procesos en la naturaleza que resultan incontrolables: ni por la tecnología, ni por los seres humanos. La naturaleza regula el clima mediante dos procesos, la realimentación positiva y negativa.

- ¿Qué mecanismos básicos ignoran los próceres de la política y la industria?

Cuando se produce una alteración, los ecosistemas tienen mecanismos para controlarla y volver al equilibrio. Así, cuando empieza a acumularse un exceso de CO2 en la atmósfera y comienzan a detectarse elementos de calentamiento global, los ecosistemas “secuestran” dentro de los océanos buena parte del CO2 sobrante. O aceleran la fotosíntesis en algunos lugares para que se capte parte de ese dióxido de carbono. Pero si la perturbación es muy fuerte, estos mecanismos dejan de funcionar y se activan los de realimentación positiva, que lejos de regular, amplían enormemente las perturbaciones. La naturaleza no es una máquina, sino un sistema que se autoorganiza y desencadena todos estos cambios hasta el punto en que se convierten en incontrolables para el ser humano.

- ¿Por ejemplo?

Actualmente la descongelación del permafrost, capas de suelo congeladas en zonas como Siberia en las que antes nunca se producía el deshielo. El calentamiento global hace que se descongelen, con lo que grandes cantidades de gas metano que estaban contenidas durante millones de años en los suelos, se “disparan” a la atmósfera.

- La intervención del ser humano procede a la quema de combustibles fósiles y fuerza el calentamiento global. ¿Con qué efectos?

La descongelación del hielo de los casquetes polares o los cambios en las dinámicas de floración y reproducción de numerosas especies. Actualmente está ocurriendo que frutales florecen cuando todavía no han nacido las larvas de los insectos que han de polinizarlos. Y si no se produce la polinización, no hay reproducción de las plantas.

- ¿Se entiende en la calle y en los bares en qué consiste el calentamiento global?

Creo que no, por ejemplo mucha gente confunde emisiones de gases de efecto invernadero con la contaminación atmosférica. Habría que hacer un curso de alfabetización ecológica obligatorio para todo el mundo.

- ¿Qué es el colapso? Uno se lo podría imaginar como una especie de brusco apagón….

A veces se tiene la idea de que es como si de repente, tras un click, el mundo se hundiera y entonces todos nos morimos de golpe. Lo cierto es que la sociedad ya está colapsando. Y en el punto en que ya hemos superado los límites físicos del planeta, hay amplias mayorías sociales que no llegan a los mínimos vitales y son expulsados de sus territorios. El colapso es un proceso de décadas.

- El movimiento ecologista y los partidarios del decrecimiento piden “descomplejizar” las sociedades. ¿Qué significa esto?

Las sociedades industrializadas son enormemente complejas. El sistema agroalimentario es complejísimo: se siembra en un lugar, se transporta a otro y se produce en uno diferente, con un enorme trasiego de alimentos y materias primas por el mundo y la necesidad de sintetizar productos fitosanitarios o agrotóxicos. No teniendo esto, el sistema de producción de alimentos tiene que ser mucho más parecido al que había hace 50 años, basado en redes cercanas. Forzosamente la sociedad será mucho más cercana, sencilla y descomplejizada.

- Pero el enemigo también juega. En las tertulias televisivas y columnas de los periódicos se criticó con fuerza las limitaciones al tránsito de vehículos en Madrid y Barcelona. A ciudadanos corrientes y comerciantes se les complicaría innecesariamente la vida con medidas “ideológicas”, e incluso Esperanza Aguirre se refirió a los “cochófobos”.

Esto tiene mucho que ver con los cambios de imaginario. En Madrid tenemos la impresión de que esta batalla cultural ha sido completamente ganada, porque fue enfocada desde la perspectiva de la salud. Cuando el Ayuntamiento de Madrid empezó a aplicar iniciativas aprobadas durante el gobierno de Ana Botella, pero que nunca se pusieron en marcha, Esperanza Aguirre y quienes le rodean denunciaron ataques a la libertad individual; supuestamente se iba a impedir la vida de las personas normales… Pero llegó el día de marras, y los ciudadanos que llamaban a los medios de comunicación afirmaban: “Bueno, es que si nos ahogamos al respirar algo habrá que hacer”. Hubo además una campaña de gente que se reivindicaba “cochófoba”. Siempre que se ha llevado a cabo medidas de limitación –sea fumar en lugares públicos o la pesca de especies amenazadas–, se demuestra que no pasa nada. La gente es mucho más racional de lo que algunos creen, y entiende el sentido de las prohibiciones.

- Sin embargo, comentabas que se ignoran otros muchos principios elementales…

Si, algunos como el funcionamiento de los ecosistemas, que es algo bastante fácil de entender; y que te hace desechar la idea común en las sociedades occidentales de que la naturaleza es una especie de máquina. Y además, una máquina que la tecnología puede controlar. Así, un río tiene su propia lógica, pero se tiene la idea de que puede llegar un ingeniero y calcular los litros que se le pueden sacar al cauce de un río, para controlar el ciclo del agua. Otro elemento clave es la irreversibilidad. Hay fenómenos que no tienen marcha atrás, como la salinización de un acuífero. Por otro lado, la naturaleza tiene límites físicos. Los minerales de la corteza terrestre existen en una cantidad limitada y una vez que se supera y se llega al “pico”, no vuelven a estar disponibles del mismo modo. Ocurre con el petróleo, pero también con el gas natural, el carbón, el litio, el platino, el cobre y las llamadas “tierras raras”. Se trata de minerales en algunos casos fundamentales para la fabricación de placas solares y aerogeneradores, con los que transitar a un modelo basado en las energías renovables.

Por último, el libro apunta dogmas, mitos y supersticiones que dañan la vida. ¿Cuáles destacarías?

En primer lugar, el mito del progreso; es decir, la idea de que la humanidad avanza en un camino de progreso ilimitado al margen de la naturaleza y los seres humanos. Y ello, gracias a la tecnología. Habría que hacer una revisión de arriba abajo de la Ilustración y la Modernidad; no tirarla por la borda, pero sí revisarla. Otro mito es el de la producción, que se convierte en sinónimo de todo cuanto haga aumentar el PIB. Una tercera superstición consistiría en afirmar que el crecimiento es siempre bueno, con independencia de qué, cómo y para quién se produzca.






jueves, 23 de marzo de 2017

Fuentes de tecnología low-tech


Practical Action” (anteriormente conocido como “Schumacher Centre for Technology & Development”) es un organismo de cooperación técnica internacional dedicada a la investigación, difusión y aplicación de soluciones de baja tecnología en países en vías de desarrollo. Su página web contiene diversos manuales que también pueden ser interesantes para a autoconstrucción de sistemas de baja tecnología en el mundo desarrollado, tratando temas como energía, agricultura, construcción, agua y saneamiento, entre los más destacados. “Soluciones Prácticas” es la organización de Practical Action que opera en Latinoamérica, subdividida en la region Boliviana y la región Peruana. En el sitio online de esta última se tieneacceso a distintos manuales en español de soluciones de baja tecnología elaborados por la organización.

Más impresionante todavía es la biblioteca online, elaborado por el ingeniero de software Alex Weir. Los 900 documentos aquí catalogados no están tan organizados y presentados como los de la biblioteca de Practical Action o Soluciones Prácticas. Se trata de una lista de documentos de sólo una página, con una abrumadora riqueza y variedad de información difícil de encontrar en español y en alguna otra lengua.

Otros sitios online que ofrecen manuales y catálogos son Appropedia (tambien en español), Howtopedia (version en español todavía vacía de contenido) y Open Source Ecology. Todos ellos son wikis, por lo cual uno puede contribuir a la implementación de la información. El “Centre for Alternative Technologies” tiene igualmente muchos manuales interesantes, pero no son gratuitos.





miércoles, 8 de marzo de 2017

Reflexiones sobre energías renovables y consumo energético


No se puede pretender "resolver la crisis energética", como un todo, con una idea o un plan. Estoy de acuerdo con lo que dice el autor de la entrada Como desconectar tu vivienda de la red, en el blog Low Tech Magazine: "Desconectarse de la red parece ser la clave para disminuir considerablemente la demanda de energía. Tener un suministro de energía limitado también fomenta el uso de tecnología energética más eficiente." 

Nuestra experiencia tras años desconectados de la red eléctrica es que sincronizando el consumo con las condiciones meteorológicas se puede reducir considerablemente el consumo energético en una vivienda. Otro aspecto importante, es que en la vivienda hay que prescindir de cualquier electrodoméstico de carga alta (microondas, lavajillas,...). Ambas cosas influyen en el estilo de vida comúnmente extendido entre los occidentales. Solo comenzaremos a resolver la crisis energética cuando cambiemos nuestro estilo de vida.




martes, 21 de febrero de 2017

lunes, 6 de febrero de 2017

Audio: Colapso. Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo




Crisis energética, cambio climático, crisis del capitalismo, crisis alimentaria... Factores que se entrelazan augurando un no muy lejano colapso.

Contaremos con Carlos Taibo, que en su reciente libro Colapso: Capitalismo terminal, transición ecosocial, ecofascismo trata muchos de estos temas.

Junto con Antonio Turiel seguiremos por la misma linea, centrándonos en las consecuencias del cambio climático, la crisis del agua potable y, sobretodo el cenit del petróleo y sus consecuencias.

Consecuencias ecológicas, económicas, politicas, militares... en definitiva una crisis civilizatoria.